La felicidad desde la óptica capitalista.
Breve Aclaración: Este texto lo escribimos tratando de dejar atrás las ataduras del pensamiento objetivo, sin embargo este último no es descartado más bien lo hemos combinado con nuestras breves experiencias, creencias, nuestras pocas lecturas y fuentes de conocimiento y con una forma de expresión que nos resulta más cómoda, o sea que este no es un texto científico o intelectual, por lo tanto no debe ser leído como tal. También este escrito trata de plasmar y criticar la realidad del encapsulamiento citadino, ya que en el campo ocurren procesos particulares.
Hoy en día las personas hablamos, actuamos, pensamos y sentimos como si ya todo se hubiera acabado, como si nada valiera la pena y como si lo único que importara fuera vivir despreocupados, pero tratando de alcanzar la felicidad y el bienestar personal. Sin embargo esta es una falaz percepción de la experiencia humana en el mundo urbanizado y en la historia oficial, todos (o al menos eso se cree) aspiramos a algún tipo de felicidad, pero vivimos engañados creyendo que esta puede alcanzarse de manera individual, el punto aquí es que ninguna persona puede vivir plenamente si su sociedad no es “feliz”, pero la pregunta base que acompaña esta proposición sería ¿existe la felicidad?, y de ser así ¿cuáles son las características de esta?, de igual modo no hay lugar en el mundo en el que alguno de nosotros pueda escapar de estos cuestionamientos (aunque se viva en mejores condiciones).
Mario Benedetti* nos aclara cuando apenas ayer la Unión Soviética perdió una de las batallas más importantes en la historia humana, los vencedores se atrevieron a decir que había llegado el fin de las utopías, con lo cual me surgido esta pregunta: ¿qué no la felicidad es una de las utopías más grandes?, sin embargo es fuertemente promovida por el sistema capitalista, pero esta felicidad ya fue trabajada y construida, de esta manera no solo se nos hace creer que la felicidad es la razón auténtica y primordial de la vida, sino que se nos venden la idea de felicidad, una felicidad que se permite, una felicidad a seguir y a la que todos podemos acceder vía consumo.
En efecto la felicidad capitalista esta basada en el consumismo, existe la vaga noción de que el dinero otorga la felicidad, inclusive hay frases populares que legitiman esta creencia: “El dinero no lo es todo, pero como ayuda” ó “Con dinero baila el perro, y sino bailas como perro”, entre otras, y lo que no estamos entendiendo es que el dinero solo nos permite acceder a la comodidad material en cierta medida (siempre y cuando lo tengas), pero eso nunca podrá otorgarnos la felicidad real, ésta es más compleja, talvez implica estar conformes con nosotros mismos, tenernos cierto aprecio y aprender a convivir con los demás sin la necedad de sentirnos superiores o inferiores respecto a otros, estos dos últimos niveles psicológicos también son concedidos por el consumismo, ya que bajo la lógica del consumo somos lo que tenemos, esto revela la verdad de una humanidad que le da más valor a los objetos que a las personas.
Se puede apreciar por todo lo anterior que el ser humano queda relegado a la categoría de cosa, pero ¿por qué nos conformamos con ser cosas?, quizá porque es más cómodo que asumir nuestra responsabilidad social ante la vida, pero primeramente porque la mayoría de nosotros no sabemos lo que esta pasando, ni quien dirige nuestras vidas, ni por que lo hacen. Respecto a esto Freud pensaba que solo existían dos formas de ser feliz; la primera es ser un idiota y la segunda es hacerse el idiota, en este sentido, los que saben “lo que pasa” prefieren hacerse los desentendidos ante el peso de la realidad y los primeros ignoran totalmente “lo que pasa”, (aunque no en todos los casos). Por eso defendemos la posición de que no existe una conciencia con respecto a la muerte, porque aunque digamos que de algo tenemos que morirnos y por eso elegimos lo nocivo aunque nos adviertan que es malo, esta posición (a nuestra manera de entender) no implica conciencia alguna sobre la condición de mortalidad que nos cubre, pensamos que es más una posición asumida por los valores impuestos de la publicidad televisiva, de la radio o del internet, es como cuando un comercial nos insita subliminalmente a que “vivamos al límite”.
Aun si dentro de esta posición hubiera conciencia con respecto a la muerte, sería una conciencia que me atrevo a calificar de inmadura, mediocre o conformista, y más allá de tener prejuicios o prenociones dentro de estas reflexiones, consideramos que eso es lo que realmente busca la lógica del consumo, para que cualquier mercancía sea fácilmente aceptada por la mayoría de las personas que aspiran a la felicidad o que se creen la idea de la felicidad consumista.
Pero una felicidad así solo puede ser efímera, porque solo dura lo que la mercancía dura, inclusive existen especialistas que buscan influir en la sociedad para dirigir lo que se a de usar en una temporada o en otra, o cuando sale un aparato de alta tecnología el mundo de la moda hace que exista una serie de diseños que solo difieren en pequeñas características (como el color, o la marca), haciéndonos creer que ese aparato fue diseñado para nosotros, por lo cual debemos obtenerlo, pero a los pocos meses de salir ese exitoso aparato salen sus nuevas versiones con pequeñas mejoras haciendo que la versión anterior se vuelva obsoleta.
En teoría el sistema capitalista busca igualar a todos como ciudadanos por medio de sus instituciones democráticas, y en este sentido se apunta a decir que en la sociedad existe la igualdad mientras que se respeten las reglas del juego, sin embargo la democracia capitalista genera más desigualdades con sus praxis neoliberales en todo el mundo, porque al quitar las formas coercitivas de tipo económicas, políticas, sociales, culturales, etc., que le estorban e imposibilitan su reproducción, un sistema productivo de esta índole solamente impone sus formas operacionales de manera salvaje. Habría que pensar por un breve momento cuanta infelicidad genera este tipo de prácticas violentas que generan procesos de desacumulación en la mayor parte del mundo para concentrar grandes flujos de capital en zonas muy reducidas del globo.
Lo que se nos viene a la mente son sociedades que se encuentran esclavizadas mentalmente, talvez ya no caiga el látigo del verdugo sobre nuestros cuerpos, pero en cambio cae sobre nuestras cabezas la guillotina de la publicidad despojándonos de nuestras capacidades reflexivas en varios de los instantes de nuestras vidas. Esta esclavitud mental va acompañada de las ataduras del trabajo forzado y las maquinarias político-económicas que se legitiman mediante el derecho, generando seres humanos agotados y oprimidos bajo el yugo del reloj que impone sus horarios de trabajo y descanso, en esta carrera contra el tiempo que nos aburre solo queda espacio para creer que la felicidad proviene de la comodidad material y el descanso, pero ni una ni otra pueden ser alcanzadas dentro del modelo económico en que nos movemos, esta es nuestra realidad desde en el capitalismo.
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